Cuando se habla de dinero, la alargada figura de la banca aparece entre sombras, la verdad, no comprendo por qué. La banca es una empresa, una institución, algo común, se remonta a… Dios… me cansa buscar el detalle en la enciclopedia, sea como fuere, la banca es de siempre, es como la suegra, sin ella no existiría la felicidad.
Así es, la banca reúne ahorros, los presta, y aquellos que no puede prestar, los invierte, la banca es sota, caballo y rey.
Innovar y banca son dos conceptos contrapuestos, como suegra y paz. La banca lleva desde que era mocita dejándote un céntimo cuando tienes garantías que toman como aval del préstamo y que nunca son inferiores a diez o más veces superior a lo que pides… Es la ley, y lo peor, es que han hecho encaje de bolillos con esas tres cartas y siempre con la ley protegiendo sus intereses.
Hay quien ve en la banca a la avaricia con rótulos luminosos, pero no es así, hoy, sin ir mas lejos, aprovechando la filosofía de estas empresas crediticias, florecen otras que, con la aquiescencia de la banca crecen y crecen. Son las llamadas empresas de reunificación de créditos.
Primero decir que somos la caraba en bicicleta, la leche marinera, unos despilfarradores, unos desentendidos de eso tan esencial que son las finanzas. Ale, el coche, la tarjeta de crédito, las vacaciones, la hipoteca, la tarjeta de El Corte… total, que con un poco de suerte, tienes que pagar más de la mitad de los ingresos de la unidad familiar cada mes de los lógicos plazos. El resultado es de catástrofe, cierto es que, ya llevamos diez años de hipoteca, cierto es que del coche nos quedan… pero en cualquier caso, nos ahogamos. Entonces, con la sonrisa complacida de la banca llegan las empresas esas que te unifican las deudas y te hacen pagar solo un 20% de tus ingresos. ¡Albricias! Estamos salvados.
Ya podemos respirar, ahora en un plis tendremos mucho más para gastar, y todo gracias a nuestro banco, ¡bendito seas! aunque te llames Santander o Bilbao.
En uno de esos brevísimos cortes de publicidad que hay en la tele -los anuncios deberían ocupar mas espacio-, veo con alegría a la empresa “Duros a Cuatro Pesetas” desde ahora, DCP. Un muchacho con cara de angustia oye una voz que le dice: “¿Apesadumbrado por los pagos, no llegas a final de mes?” La cara del muchacho es un poema, afirma compungido, hace un gesto de impotencia y saca los bolsillos vacíos para, finalmente, hacer un gesto de resignación. La voz canta, la voz es feliz, la voz le dice con alegría: “Ven con nosotros, ven, llama al 000000902 pagarás la mitad que ahora.”
Me quedo mirando el anuncio, incluso trato de ver la letra pequeña, pero, ¿qué importa?, lo importante es que ya no tendré disgustos los fines de mes, podrás llegar, y además dispondré de unos céntimos para irme con mi pareja a cenar o al cine. Y esa noche, sueño con la alegría de que me queden unos cuantos billetes al finalizar el mes, con los ojos iluminados de mi pareja al ver que ya no somos pobres, ya que ahora, y gracias a la agudeza financiera que me caracteriza, somos una familia feliz.
Al día siguiente, apenas si llego a la oficina llamo por teléfono, una voz -¡qué voz!, parece sacada de los contactos eróticos- me responde, me cita, me llama por mi nombre y lo hace como sólo las almas buenas y comprensivas pueden hacerlo… Esa misma tarde, con la excusa pertinente, me acerco a la oficina del cielo. Como no puede ser de otro modo es una oficina de ensueño situada en el corazón financiero de Barcelona: puerta de roble macizo, símbolo de solidez, suelo de parquet, nada de moqueta de la barata, y una señorita con los dientes más blancos y hermosos que he visto jamás, me sonríe, me invita a decirle… titubeo, por un momento me asalta el miedo de si al saber quién soy, no saldrá un ordenanza de los de antes y me pondrá de patitas en la calle, pero no, pronuncio mi nombre y la cara del ángel que me ha recibido se ilumina. Casi me tengo que pellizcar, incluso es más, estoy tentado de repetir mi nombre, no sea que… pero no hace falta, ella, la diosa, me dice con esa voz:
-Acompáñeme, el Sr. Martínez, nuestro director financiero, le recibirá al momento…
Me quedo patidifuso, el director financiero, vamos, a mí, me va a recibir a mí. Por un instante, me acuerdo de mi oficina, esa en la que el cajero, que no el director financiero, me mira como a un apestado cada vez que me acerco….
Es como en las películas, la señorita me abre una puerta y con un tono de alegría impensable me anuncia. El hombre que está detrás de esa mesa labrada, sólida, con una Montblanc en su mano, se levanta y viene hacia mí con la mano extendida, me saluda, me pone la mano izquierda en el hombro. ¡Joder! es como si me conociera de toda la vida, no como el Sr. Puig de La Caixa, que no levanta los ojos de los papeles y que nunca me dio la mano…
-Pase, pase amigo Cantero, ¿quiere tomar alguna cosa?
No, no, gracias -logro balbucear.
- Acomódese y cuénteme cuales son sus necesidades.
Aquí, lo confieso, pensé que se acabaría todo. Carraspeo y, no se bien cómo Dios me dio fuerzas pero dije:
-Verá Sr. Martínez, yo…
-¡Nada de Sr. Martínez! Para usted soy Pablo, Pablo a secas…
Ahora si me hubiera tomado un buen lingotazo, me acababa de dejar boquiabierto… me autorizaba a tutearlo… a mí, a un don nadie…¡Ay!, ¡cuánto deben aprender los bancos y las cajas!
-Pues verás Pablo, tengo algunos problemas con los créditos, la hipoteca, y no llego, no llego a fin de mes…
-Eso se va acabar, desde hoy amigo, eso se acaba, para eso estamos aquí.
Reconozco que me sonó como el anuncio del detergente, pero era música celestial. Claro que aun faltaba decirle lo de los 30.000 euros que tenía que pagar antes de un mes y mis ingresos.
-Bueno, ojalá, pero la cosa no acaba ahí, tengo que hacer frente a un pago de cierta importancia antes de que acabe el mes y estoy asustado, no sé cómo salir del agujero, y mi banco no me ayuda… y si mis ingresos fueran mayores… pero claro, estoy en 2.500 euros.
-No te preocupes, no pasa nada, para eso estamos los amigos. Tengo aquí el monto total de lo que has de pagar mensualmente y lo que te resta de hipoteca, con todo esto ya te puedes relajar, no hay problemas, lo resolvemos y donde ahora pagas 1300 pagarás, vamos a ver… ¿Qué te parece pagar 500 euros mensuales?
Me aflojé el nudo de la corbata, de la alegría casi me da un pasmo, “sólo 500, sólo 500…” no paraba de repetirme.
-Lo de los 30.000 lo tendremos que arreglar ya mismo, para eso haremos un crédito puente, nada, una formalidad mientras nosotros agilizamos todo el papeleo. Te voy a dar la dirección de una financiera especializada en créditos puente y en 24 horas tendrás esos 30.000 y después de que arreglemos lo de la nueva hipoteca, les pagas y a vivir que son dos días.
Dios existía, no había duda, yo estaba viendo su mano en todo esto, le agradecí a Pablo todas sus bondades y salí del edificio como si flotara. Sin pérdida de tiempo me acerqué a la oficina de créditos puente, cierto es que no estaba en el corazón de la milla de oro, pero era igual que rondara el antiguo barrio chino, yo no notaba nada.
-Hola, buenas tardes, vengo de parte de Pablo, del Sr. Martínez.
- Ah sí, ya sé, nos acaba de llamar, espere un momento….
Aquí la señorita ya no lo era, y su voz era estridente, pero para mí era como si fuera la voz del cuerno de la abundancia.
-Pase, Sanchez le atenderá…
-Buenas tardes Sr. Sanchez, soy Cantero, vengo de parte de…
- Sí, ya sé, siéntese. Vamos a ver, necesita usted 30.000 para ya, ¿verdad?
- Así es, pero vamos, que por poco tiempo, me ha dicho Pablo que…
-Bien, bien, no se preocupe, vamos a ver, ahora usted me firma unas letras y sale de aquí con su talón por los 30.000. ¿Qué le parece?
-¿Qué qué me parecía? ¡Señor! Me parecía milagroso, en una sola tarde iba a resolver todo, todo, y gracias a un anuncio de la tele… No veo porque esos estirados de las asociaciones están en contra de la publicidad….
-Pues me parece estupendo, cuando usted disponga…
-Aquí tiene, dos letritas, vencimiento la una dentro de 6 meses y la otra dentro de 7.
Me tendió las letras y, más por oficio que no por desconfianza, miré el importe y el vencimiento y entonces… entonces comencé a sudar.
-Pero… son letras por el mismo importe, cada una es de 30.000 euros…
-Natural, la una por el capital y la otra por los intereses.
-Pero… ¿cómo unos intereses de este monto?
-Mire amigo, nosotros corremos un riesgo, un riesgo grande, y claro, tenemos muchos impagos, así que no nos queda más remedio que protegernos, además, prestar dinero así, sin nada más que la garantía de la palabra de Pablo… Es lo que hay, pero claro, si quiere no firme, nadie le obliga…
En el espacio de tiempo que Sanchez hablaba me fue pasando por la imaginación todo lo que había estado soñando, desde la cara de alegría de mi mujer, al orgullo de no tener que pedir más anticipos, a los fines de semana con cine o cena, a la tranquilidad de esos 500 euros de cuota mensual…Luego pensé: “no importa, con lo de la nueva hipoteca que no tardará más de un mes, liquido esto y a otra cosa mariposa, además, mi mujer no tiene por qué enterarse, es mucho sí, pero ¿y el problema y angustia que me ahorran? Firmé, salí de allí con un talón de La Caixa por los 30.000 y, es cierto, un nudo en el estómago, pero también con una romería en el corazón.
Al día siguiente ingresé el talón, sin problemas, pagué lo que me agobiaba y me relajé… Dos semanas más tarde llamé a Pablo, la voz de la señorita no era la misma, pero me dio igual…al cabo de unos minutos se puso al teléfono:
-¿Qué pasa Pedro?
-En realidad nada, era solo por saber cómo estaba lo de la hipoteca…
-Hombre de Dios, sólo han pasado 15 días, tranquilo, estas cosas hay que hacerlas con calma, tenemos que encontrar a la entidad que mejores condiciones nos dé para tu rehipoteca….
-Ya sé Pablo, ya sé que eres un profesional, era solo por estar tranquilo.
-Quédate tranquilo, todo funciona… todo a su tiempo… que ya sabes que las prisas para los chorizos y los malos toreros…
Esa fue la primera llamada de algunas más, los días caían como ladrillazos, pero me tranquilizaba el hablar con él, después de todo, era el director financiero de una empresa que se anunciaba en televisión…
¿Quieren saber el final de todo esto? Fácil, muy fácil, llegó el primer vencimiento y mi rehipoteca no estaba, y llegó el segundo y tampoco… Poco después, recibí la carta de un bufete de abogados que me anunciaba que debido al impago, presentarían una demanda de embargo contra mi casa… Llamé a Pablo y éste me dijo con el mejor de los tonos:
-Cómo lo siento, la cosa esta difícil, lo estoy intentando, claro que ahora con ese embargo… va a ser aún más complicado.
Ya no tengo casa…