¡¡Boinazo!!
Hay personajes de la historia que hacen famoso un objeto, como por ejemplo, Maigret, quien hizo famosa su pipa, o Dalí y sus bigotes o, simplemente, una boina. Tal vez lo que más me llega es la boina, la bilbaína como la llamábamos en mi infancia. En mi apenas iniciada juventud usé de boina, como símbolo de diferenciación pues afortunadamente, no tenía que ocultar calvicie alguna, todo lo contrario, me servía para sujetar mis cabellos… pero no quiero perderme en recuerdos que me llevarían a cualquier sitio inconexo, así pues, me ceñiré a qué es lo que me hizo recordar mi boina fetiche.
Se llama JAMS -acrónimo del nombre José Antonio Martínez Soler- dice que es periodista, y le creeremos, pero dice mucho más, aunque lo realmente importante es que usa boina, sí, eso y una frase suya que define perfectamente su condición de hombre que ha hecho de su historia un intento tímido de libertad.
“En resumen: me muevo, como un péndulo, entre la pasión por la verdad y el instinto de supervivencia (ya os he dicho que tengo mujer y tres hijos). Y, sinceramente, no sé cuanta verdad podré decir o cuanto miedo tendré que callar en este blog porque se trata de una prueba”.
Así es, y así se lo agradezco, me refiero a su aseveración: “cuanta verdad podré decir”. Esto se pone de manifiesto en su blog, en este domingo 3 de junio, blog que les invito a leer después y, para que no se diga que soy descortés, aquí va la dirección electrónica: http://blogs.20minutos.es/martinezsoler. En el mencionado blog, el periodista nos cuenta las perversiones de Pedro J., las maldades del enano Aznar y su fichaje por una empresa que es sospechosa, sólo por estar en las islas Caimán.
Cierto que eso de las islas como que suena a chanchullo, a trampa, a hurto, a evasión de responsabilidades, pero me pregunto yo de modo ingenuo: ¿son las Islas Caimán peores que Carlos Slim? Me pregunto más cosas, por ejemplo, si la policía es de Aznar, de Felipe González o de José Luis Rodríguez Zapatero… Confieso que, como ciudadano, siempre he creído que la policía es de todos, así pues, si hay chapuzas -y parece reconocerlo- en la investigación y desaparición de elementos fundamentales para la resolución, son obra de la policía y no del gobernante de turno… Claro que, si eso es así, ¿de qué carajo escribiría este buen hombre?
Dice don José: “A mi edad, con mis niños criados y la casa pagada, me impongo cada vez menos límites a la libertad de expresión. Voy perdiendo el miedo. Dije, al principio, que hacía este blog por curiosidad y por vanidad. Olvidé lo más importante: lo hago por placer. Por el placer de escribir como si fuera libre y de compartir esta libertad con quien quiera saborearla. La libertad es la esencia que adereza la dulzura de vivir, o sea, la felicidad suprema. A veces, yo la rozo con la punta de mis dedos. Casi nunca la alcanzo”.
Recuerdo que un amigo empleaba la siguiente frase que atribuía a un general ruso: “Cada vez que oigo hablar de la libertad echo mano a mi pistola”. Aunque en el tiempo descubrí que la misma era creación para unos de Goebbels y para otros, de Goering -vaya usted a saber- y hacía alusión a la cultura y no a la libertad, el caso es que la frase adaptada por mi amigo me viene bien para adaptarla nuevamente y decir: “Cada vez que oigo a un periodista hablar de libertad, echo mano a mi vida para defenderla de la intromisión, de la manipulación y el engaño.”
Estimado señor Martínez Soler, con respeto, sin acritud, con talante: “¿De qué coño nos quiere convencer?, ¿de que José Maria Aznar tiene por apodo “el Tempranillo?”, ¿de que Pedro J. es un periodista babieca? Estupendo, más que eso, genial, pero… ¿cree usted que los ciudadanos somos tontos de baba? Los ciudadanos ya somos adultos, sé que eso le debe sonar extraño, lo digo porque estado adulto y lectores de periódicos son una contradicción, claro que, algunos entre los que me cuento somos nostálgicos de nuestra infancia y en días como el de hoy leemos a los adoctrinadores de la libertad, así, en minúsculas, no de la LIBERTAD.
Habla usted en esa especie de declaración de principios, que procurará ensayar el gozo de ser libre, bien por usted, pero háganos a los ignorantes un favor, háblenos de lo que significa el Poder, y qué significamos los seres humanos comunes, la inmensa mayoría de personas silenciosas, sin tribunas y sin micrófonos. Cuéntenos cómo al hombre corriente, el Poder, ese al que los periodistas –que tienen hipoteca, o mujer y tres hijos- sirven, nos ha reducido a la condición de esclavos ahora sin cadenas, pero sí con unos delgados hilos que hacen de nuestra vida una parodia de eso que usted llama libertad.
Si me lo permite, para acabar, déjeme decirle que pienso que es usted uno de tantos, un vendedor de humo, alguien que hace del noble arte de contar cosas… un cuento.
en Junio 7, 2007|2:14 am
Siempre hay una doble moral presente en cada uno de los personajes “sobresalientes” de la sociedad, o la política…es una pena que siempre se vaya de lo que no se es.
Un saludo!