¿Culpables o inocentes?
Cada día, a la gente como yo nos resulta más fácil escribir. No quiero decir que lo hagamos bien, no, pero sí resulta sencillo encontrar temas… desde los continuos disparates del ciervo loco, pasando por las anormalidades de la vice o las simplezas de una oposición que, obedeciendo mandatos inconfesables, plega velas y se dedica al noble arte de echar pelotas fuera… y ahora, por si todo esto no fuera suficiente, acaba de empezar la liga, con lo que ya tenemos algo más con lo que rellenar unas cuantas cuartillas o siempre podemos echar mano de las declaraciones del “listo de turno”, del manifiesto del enterado, del que habla en nombre de todos…. y así un largo etc. de temas.
Pero hoy quiero hacer mención de alguien que, siendo sumamente importante -sus programas son emitidos por más de 500 emisoras de TV, así como por multitud de radios en todo el mundo- no es demasiado conocida por el gran público, se trata de la periodista Amy Goodman, su programa de radio y televisión, así como sus escritos, llevan el título de “Democracy Now” –“ahora democracia”, yo prefiero ponerlo en minúsculas, me parece más real.
En la sociedad actual da la sensación de que hasta la oposición periodística, los “marginales”, están todos dentro de un orden. Es decir, aún a pesar de su declarada aversión a las subvenciones públicas -se mantienen con las contribuciones de los espectadores y los oyentes- los “críticos” para con el sistema parecen hechos a propósito, en el deseo de que equilibren y no permitan que auténticos independientes nazcan y puedan tener el predicamento adecuado.
Debido a que emitimos sus programas en www.iberoamericaradio.com así como publicamos sus boletines escritos en www.cafeteradigital.com, nos ha llegado un artículo que no tiene ni una sola coma de desperdicio, es el que lleva por título: “LOS PSICÓLOGOS EN FASE DE NEGACIÓN DE LA TORTURA”.
Aquí la periodista nos cuenta cómo en una reunión que ha tenido lugar a mediados de este mes de Agosto, la asociación de psicólogos yanquis (APA) ha prohibido a sus miembros participar en interrogatorios en los que se haga uso de técnicas agresivas.
Entre las diversas técnicas de interrogación existentes, está la que llama: “Society for Ethmomusicology” que consiste en la emisión de música estridente de modo continuo o, aquella otra consistente no en la privación del sueño durante los interrogatorios, sino en la privación del sueño antes, de tal modo que los interrogados llegan a la mesa del interrogatorio sin otra voluntad que la de firmar que mataron al toro de Osborne.
Es tan deleznable lo que ocurre en campos como Guantanamo que Anthony Romero, de la “Union Estadounidense por las Libertades Civiles” (ACLU) remitió una carta a la APA en la que aludía a la responsabilidad, incluso penal, de los profesionales que participen en los interrogatorios, advirtiendo que “se han encontrado evidencias preocupantes de la connivencia de psicólogos clínicos en el desarrollo e implementanción de procedimientos pensados para infligir daño psicológico a los presos”.
Amy nos sigue contando algo absolutamente surrealista: “En la apertura de la sesión de la APA sobre ética e interrogatorios, una interrogadora del Pentágono, la dra. Katherine Sherwoord -al parecer un pseudónimo-, hizo saber a los asistentes que los interrogatorios eran llevados de modo muy profesional, afirmando que se le había negado el acceso al historial médico de los presos. “Acostumbro a hacer pasteles en casa que luego llevo a los detenidos. Necesito saber si un detenido es alérgico al maní, ya que algo así podría ser muy peligroso”. Esta costumbre de hacer pasteles le da un nuevo sentido al término “psicólogos BSCT” -siglas en inglés de “Behavioral Science Consultation Team” (Equipo de Asesoramiento en Ciencias del Comportamiento) las cuales pronunciadas se leen “biscuit” -“galletas”-. Se trata de los psicólogos que ayudaron a desarrollar las técnicas agresivas de interrogación y a los que -según el Comité Internacional de la Cruz Roja- se les proporcionó información sobre “las debilidades y salud mental” de los detenidos para ayudar a quebrarlos psicológicamente”.
Así, en retazos, es como lo cuenta Amy. Mi respeto para ella, claro, por ella y por su trabajo, pero echo de menos algo más, datos, todos, grupos, asociaciones e incluso picardías como la de los “biscuit”, pero sigo echando en falta algo. Tal vez sea mi modo pasional de vivir, pero su escrito me resulta demasiado aséptico, como si hablara de algo que ocurre en el país de Nunca Jamás… su escrito no deja de ser un informe, un memorándum, uno de esos documentos que se archivan en el olvido.
Yo, después de leer esto, de recibir la información, no puedo por menos que pararme y pensar, pensar con detenimiento dónde están los límites, dónde empieza la responsabilidad de los seres humanos, profesionales de la salud o de la ley, no importa en que campo desarrollen su labor, si ésta no está presidida por la ética y la moral natural… que Dios se apiade de nuestra alma. Yo no lo haré, es más, opino que debería ser contribución de todos el denunciar de modo reiterativo el uso y abuso que se hace de de los conocimientos que la sociedad da a nuestros convecinos cuando estos la emplean en la violación de cualquier principio deontológico.
Si algo pone de manifiesto el artículo de Amy es que unos hombres con orejeras se dedican, en nombre de no se sabe bien qué cosa, a producir daño -en algunos casos irreversible- a otros hombres. Que reunidos entre sus iguales, estos -los iguales a ellos-, se limitan a advertir y no a condenar de un modo tajante a los que contribuyen al dolor y la desesperación de seres humanos reducidos a meros supervivientes.
Del mismo modo que hoy empleamos el término Inquisición para hacer mención a una época oscura de la religión, hoy deberíamos acuñar un término que haga mención a esta época en que, desprovistos de hábitos, otros inquisidores torturan, humillan, inducen y finalmente consiguen, que hasta el más inocente de los mortales se declare culpable de lo que convenga a los intereses de esa nueva iglesia en la que se han convertido las técnicas del comportamiento.
en Agosto 28, 2007|1:16 am
Y sin embargo siguen “saltando” en el mismo lugar, liebres que gatos, al final del día todo termina siendo lo mismo, el comportamiento de unos y otros provoca la triste realidad de lo que al final somos. Y ninguno se toma el azúcar sin café, no vaya a ser que les amargue demasiado.