Querido coche oficial
Me temo que no van a reelegirme, querido coche oficial, y que me quedaré sin ti, sin los chóferes, sin la Visa oro y sin trabajo político.
He ido haciéndome unos ahorros y recibiré una jugosa pensión, pero voy a sentirme desnudo, no porque no lleve ropa como el rey del cuento, sino porque me la ha robado mi rival superándome en votos.
Es injusto depender de la volubilidad de la gente. Soy el mejor para el pueblo, no lo sabré yo. Pero el votante ignora que tras resolver mi futuro y el de mis allegados, le destino lo que sobra. El que llegue ahora querrá acapararlo todo, algo que yo ya había superado.
Te hago estas confesiones porque se que debes apreciarme: te traté bien, me sentaba atrás con cuidado exquisito y le decía a los conductores que fueran con precaución para no dañarte cuando íbamos a hacer demagogia pueblerina besando niños y ancianitos.
Bien orgulloso te ponías estacionándote ante restaurantes de cinco tenedores. Brillabas como una estrella provocándole envidia a los que no podían aparcar en esos lugares.
No te creas aquello que decía yo con displicencia que debería cambiar de modelo de coche cada año. Era broma. Créeme que te tengo gran aprecio, querido coche, tanto que cuando me quede sin ti voy a sufrir gran dolor y despecho.
Querido coche: antes de concluir debo decirte que yo ordenaba siempre que te pusieran la mejor gasolina, el aceite más fino y que te sometieran a delicadas revisiones.
Te lo recuerdo porque si fueras agradecido ayudarías a provocarle serios disgustos a quien ocupe mi lugar, incluso podrías estrellarte y matarlo, así que no te enfades, que esperando mi derrota anunciada voy a sangrarte el líquido de los frenos.
———————
En estos días de persecución a los demócratas especialmente vascos, y como reflexión preelectoral, deben visitarse webs como las que recomienda Basta Ya en la página:
http://www.bastaya.org/www2/enlaces.html