Cursiladas dylanianas
Sólo un diez o quince por ciento de anglohablantes puede comprender todo lo que dice Bob Dylan en sus canciones, y de ellos muy pocos entenderían por qué unos españoles que no hablan inglés acaban de concederle al cantante-poeta un premio, el Príncipe de Asturias de las Artes 2007.
Porque en España casi nadie habla su idioma y mucho menos el que emplea Dylan, que exige conocer numerosas expresiones de slang, lenguaje de arrabales.
Extraño jurado que dice valorar su poesía surrealista a la que acompaña con músicas herederas de Pete Seeger, de Woody Gutrhie y del folclore centroeuropeo aprendido entre los Zimmerman, su apellido.
Quien conozca el ambiente estadounidense del que surgió el cantante tiene que pensar que el jurado del Príncipe de Asturias lo gratifica no por unos poemas que es incapaz de entender, sino para presumir de que puede hacerlo, de “estar en la pomada”.
Dylan es minoritario incluso entre quienes lo comprenden. Mito de minorías y entre admiradores del viejo y decente socialismo del gran Guthrie, que llegó a ser sospechoso de comunista, aunque nunca lo fue.
“Es un mito viviente”, y “faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo”, dice el jurado. Pero, ¿de qué generación se habla si en España nadie o casi nadie sabe lo que dice? Aquí lo que se conoce de Dylan es el “chunta, chunta” algunas de sus melodías, como el Himno Nacional.
Este país es más pantojil, más de Manolo Escobar. En el mejor de los casos, de Sabina. Por eso es prodigioso este jurado, cuya mayoría sólo sabe de Dylan lo que dicen los periódicos.
Un jurado que agravia a los seguidores del poeta-cantante premiándolo para que se ponga cursi con chaqué, que igual lo hace, y eso ya sería lo último.