La muerte de Arafat
El líder palestino Yasser Arafat murió envenenado, pero también padecía SIDA, acaba de asegurar su médico, Ashraf al Kurdi, en declaraciones a la televisión Al Yazira, que cortó la entrevista en directo cuanto mencionó que su sangre contenía VIH.
Arafat, de 75 años, había agonizado durante varias semanas, las últimas en el hospital francés donde murió el 11 de noviembre de 2004 sin que nadie desvelara su mal.
Un imán islamista de Gaza había acusado a Israel entonces de haberlo envenenado. Pero dado el emponzoñamiento de la relación entre los propios palestinos, si esta hubiera sido la causa también serían sospechosos algunos de sus rivales y los ultrarreligiosos de Hamas o de Hizbolá, que habían se habían propuesto eliminarlo.
El SIDA podía haberlo contraido en sus numerosas relaciones homosexuales, de creer a Ion Mihai Pacepa, jefe del espionaje rumano bajo Ceaucescu, y colaborador del KGB. Lo afirma en su libro “Red Horizons” (Regnery Publishing, 1990).
Pacepa explica que el general Constantin Munteaunu, responsable rumano de entrenar hace tres décadas a los guerrilleros de Arafat, la OLP, informó de que en varias ocasiones lo vio mantener violentísimos encuentros homosexuales con varios de sus guardaespaldas, que posiblemente siguieron muchos años después.
Otro misterio que envuelve a Arafat es el destino de su fortuna personal de unos 1.500 millones de dólares, desviada de las ayudas, especialmente europeas, destinadas al pueblo palestino.
Coincidiendo con la revelación del médico, su viuda ha sido privada de la nacionalidad tunecina que le concedieron hace un año.
Suha Ettawil, actualmente de 45 años, contrajo matrimonio con Yasser Arafat en 1990 tras ejercer durante varios años como su consejera de asuntos económicos.
Residente en París y Túnez, siempre negó poseer la fortuna de su marido. Casi nadie la cree, naturalmente.