Ecologismo homicida
Tiene que ver usted el documental “La gran estafa del calentamiento global” elaborado recientemente por el Channel Four británico con prestigiosos científicos, que las grandes cadenas españolas no se atreven a emitir.
Porque temen a los políticos y ecologistas hostiles a la industrialización del tercer mundo, al que presionan para que no explote sus combustibles más eficientes, carbón y petróleo.
Bájese el programa de internet. Está subtitulado. Compárelo con el de Al Gore, con el que el Gobierno quiere adoctrinar a los niños al servicio de una falsedad: que el cambio climático tiene causas humanas.
Descubrirá usted que ese CO2 que acusan de provocar el calentamiento del planeta representa el 0,054 por ciento de los gases de la atmósfera y que la aportación humana a esa cifra es infinitamente baja, pues la mayoría procede de los océanos, las plantas en descomposición, los animales y las bacterias. También sabrá que el CO2 no indica el calentamiento del planeta, sino que su aumento va unos 800 años por detrás de ese calentamiento. Y que hubo épocas con diez veces más gas que actualmente.
Recordará que fue Margareth Tatcher quien inició la campaña propagandística sobre el cambio climático para quebrar a los mineros del carbón y cómo los ecologistas adoptaron esa bandera.
Verá la actividad solar y las nubes como la causa del efecto invernadero –aumento de medio grado en 150 años–. Se asustará: anualmente mueren cuatro millones de niños y un número mayor de mujeres del tercer mundo por falta de electricidad como la que usted consume.
Porque sin electricidad no hay progreso, perecen rápidamente los alimentos y cocinar con estiércol y vegetales en chabolas provoca cánceres y graves enfermedades respiratorias.
La histeria del CO2 está obstaculizando que 2.000 millones de seres obtengan electricidad, no sólo para vivir confortablemente, sino para establecer circuitos de frío, industria, líneas férreas, bases de un crecimiento que no se obtiene de fuentes renovables, además, inaccesibles para los países pobres porque resultan tres veces más caras.