Tecnofobia superticiosa
En Los Villares, Granada, sus 128 habitantes acordaron en referéndum rechazar la instalación de una antena para teléfonos móviles, lo que les pesará si algún día necesitan asistencia inmediata por enfermedad o accidente.
Los Villares sufre una tecnofobia supersticiosa, miedo a los indefinidos males que podría provocar un avance técnico. Quiere ignorar los daños que sí produce su ausencia.
Todo ecologista grita “¡Petróleo y Carbón, No. Contaminan!”. Pero si les quitaran el agua caliente o la energía para cocinar morirían: no sabrían cómo sobrevivir.
En China y la India se cultivan patatas, arroz, maiz y trigo modificados genéticamente. Gracias a ellos se alimentan ya decenas de millones de seres que antes sufrían hambres milenarias. Nadie ha demostrado que esos alimentos sean malos, sino todo lo contrario.
Pero nosotros decinos “¡Alimentos genéticamente modificados, no!”. Siendo padres de las modernas tecnologías nos hemos vuelto tecnófobos y luddistas: supersticiosos por miedo al progreso, a lo desconocido.
Además, somos insolidarios con los más pobres y hambrientos, que necesitan esos alimentos altamente fructíferos e inmunes a numerosas plagas.
En Los Villares, pero también en Torrevieja o L’Alcora esta tecnofobia antitelefónica es suicida. Antes vivíamos sin móviles o sin penicilina. Aceptábamos la muerte porque desconocíamos que esos productos podrían salvarnos.
Pero ahora, ya no es así. Una ampolla de tetraciclina o una llamada telefónica pueden preservar una vida, y la ira de los familiares de quien muere porque medio pueblo se opuso a un avance técnico puede repetir entre gente poco equilibrada situaciones como la de Puerto Urraco.
La tecnofobia contra antenas de móviles es resultado de una manipulación filorreligiosa y prerracionalista de brujos medievales autoproclamados ecologistas.
Una brujería para mantener a las personas sometidas a la ignorancia supersticiosa de la que ellos son sacerdotes y beneficiarios.