Plusvalías periodísticas
Hasta hace poco tiempo quien deseaba obtener información izquierdista española homologable a la de Le Monde o el New Yok Times acudía a El País. Pero está dejando de ocurrir por su implicación creciente en negocios de telecomunicación, hostelería y otras industrias que defiende en sus páginas, mientras abandona la neutralidad económica, base de su credibilidad.
Las grandes cadenas informativas se degradan cuando los propietarios usan su poder en beneficio propio: el Ciudadano Kane, William Randolph Hearst, comenzó a caer cuando magnificaba en sus diarios la calidad artística de su mediocre mujer cantante y beneficiaba a sus empresas no periodísticas con información manipulada.
El País será menos “periódico de referencia” aún desde esta semana tras su descarada defensa de los intereses de uno de los negocios de Prisa, su empresa propietaria: la transmisión de partidos de fútbol de pago por su cadena de televisión por satélite.
Ha dedicado uno de sus antes solemnes editoriales contra su competencia en la transmisión deportiva, Mediapro, vinculada a una nueva cadena de televisión, La Sexta, que también prepara el lanzamiento de otro periódico izquierdista para competir con El País.
Ahora tenemos peleados al diario socialdemócrata desde su apertura, cuando se iniciaba la democracia, y a otro grupo reciente, también prosocialista, que quiere participar del botín que reparte el PSOE en forma de concesiones, ayudas y publicidad, con sus muchos años de poder.
Mientras que el grupo de El País servía en solitario a los gobiernos supuestamente izquierdas no había problemas porque no tenía que repartir el pastel.
Pero ahora sus hermanos ideológicos de Mediapro exigen su cacho de tarta y El País responde con airados editoriales contra esta demanda.
Ambos grupos le piden ayuda a Zapatero apelando, lógicamente, a sus derechos sobre las plusvalías marxistas.